Me caso, ¿y ahora qué?

¿Y ahora qué? Eso mismo es lo que me pregunté yo cuando mi pareja me pidió que me casara con él y se nos pasó la ‘euforia’ de las primeras horas y días. Lo primero que hacen todos los novios del mundo mundial (imagino) o, por lo menos, nosotros sí que lo hicimos, fue buscar en Internet una guía para organizar una boda. Por algo había que orientarse, ¿no?

¿Empezamos a buscar lugares para organizar el banquete? ¿De qué estilo queremos que sea nuestra boda? ¿Recurrimos al packaging personalizado para los detalles para los invitados? ¿Cómo quiero que sea mi vestido de novia? ¿Y a dónde nos vamos de luna de miel? Estábamos sentados en el sofá de casa y las dudas se nos iban amontonando por momentos. Lo único que teníamos claro era que lo primero que había que hacer era elegir si queríamos una ceremonia religiosa o civil. Ambos teníamos claro desde el principio que queríamos una ceremonia civil, “es mucho más bonita y tradicional”, dijo mi chico, así que una vez decidido ese tema, era hora de buscar iglesia.

Creo que con la elección de la iglesia ocurre un poco como con la elección del vestido de novia o del lugar para organizar el banquete. No solo tiene que ser bonito el lugar, sino que deben tratarte bien al 100%. Fuimos a ver tres iglesias para informarnos de los trámites que teníamos que hacer y de las fechas disponibles de boda. Queríamos que el evento fuera en 2019 y teníamos más o menos claro que debía ser en la primera mitad del año.

En este punto, nos encontramos con que una iglesia iba a estar en obras para la fecha aproximada de la boda, imaginarnos a los dos entrando por la puesta con un casco de obrero podía parecer divertido, pero no lo deseable, así que descartamos ésta.

En otra de las iglesias nos trataron francamente mal, la verdad, lo primero que nos pidieron todas las veces que contactamos con ellos era pagar una cantidad de dinero para reservar la fecha. ¡Si nosotros lo primero que queríamos era hablar con el sacerdote! Así que la descartamos también.

La tercera iglesia fue la que más nos gustó, acogedora y un sacerdote muy simpático. ¡Así sí que nos casábamos nosotros!

Primer paso dado: elegir la iglesia para la boda. En otro post os contaré cómo nos decantamos por el día de la boda. Pero para eso, tenéis que seguirnos.