Dudas al elegir la mejor fecha para la boda

Nos ha costado unas semanas, pero al final hemos decidido la fecha de la boda. ¡Qué difícil es esto de decidirse cuando se es tan indecisa! Ya nos veía escogiendo la fecha de la boda echándolo a suertes. Pero por fortuna, no hemos tenido que llegar a esos extremos. Os voy a contar todas las dudas que nos surgieron hasta decantarnos por la fecha de nuestra boda: en marzo de 2019.

Una vez pasó la proposición de matrimonio, el siguiente paso que había que dar era o bien anunciarlo a nuestros familiares y amigos o bien escoger la fecha de la boda antes. Nos decantamos por esto último precisamente porque así nadie podría influir en nuestra decisión. Hay que tener en cuenta que cuando uno se casa todas las decisiones que conciernen a ese día debe tomarlas la pareja y ni madres, padres, suegras o hermanos deben influir ni condicionar las decisiones. Así que así lo hicimos.

La estación del año para la boda

La primera duda que nos entró fue: ¿En qué estación del año nos casamos? Hay cuatro estaciones y 12 meses disponibles para escoger, ¡uf! se nos iba a complicar la tarea. Pero si algo teníamos claro era que los meses de verano tipo junio, julio, agosto y septiembre estaban más que descartados. En la Costa Blanca hace muchísimo calor en estas fechas, por lo que no parecía de recibo que el novio y los invitados, sobre todo los hombres, tuvieran que ‘asarse’ (literalmente) llevando el traje de chaqueta y corbata. Que sí, que en el restaurante seguro que habría aire acondicionado y se podían entregar detallitos como abanicos, pero aun así, no nos agradaba mucho la idea de que fuera un día muy caluroso y sudáramos de más. Así fue como descartamos el verano para celebrar nuestra boda.

Nos quedaban tres estaciones más: otoño, invierno y primavera. La primavera también la descartamos pronto. No porque sea una mala fecha para casarse, sino por las circunstancias en las que venía el año que viene. La Semana Santa cae en 2019 a mitad del mes de abril, por lo que ahí ya partía unas fechas muy importantes. Además, ambos teníamos comuniones de familiares muy cercanos entre final de abril y mayo y no queríamos que coincidieran todas las celebraciones juntas. Así que lo ideal era hacer la boda en invierno, pero no en los meses más fríos, como enero o febrero.

Una de las ventajas de celebrar la boda en invierno es que no es un mes muy habitual para casarse, por lo que hay siempre más hueco en los restaurantes y en las iglesias, por ejemplo y muchos proveedores acostumbran a bajar un poco los precios en esta época.

¿Por qué rechazar otoño?

Aparte de invierno, también cabía la posibilidad de celebrar la boda en otoño. Simplemente, descartamos esta opción porque son meses que no nos dicen nada. No hay una justificación real, simplemente de gustos.

Tuvimos mucha suerte cuando nos dirigimos a la iglesia de San José, cerca del Hotel La Laguna Spa & Golf para pedir fecha. Tenía libres varios fines de semana de marzo. Sin pensárnoslo, le pedimos al párroco que a mitad de marzo. ¡No os digo la fecha concreta para que no os presentéis todos a la boda! ¿Elegimos bien? ¡Seguro que sí! Va a ser una boda inolvidable.